Speciei
- J.Eduardo Galeano
- Además de lo fascinante que me resulta su comportamiento como material pictórico, me interesa la gran carga simbólica de la sangre, las diferentes y opuestas reflexiones y actitudes que se generan en torno a ella cuando ha abandonado el cuerpo que la contenía. Es así como su oscilación entre los conceptos de vida y muerte me ha llevado a convertirla en el catalizador de mis inquietudes vitales, y en la materia prima de mi trabajo, ya que la vierto en soportes como madera y lienzo, para crear una serie de obras que aludirán a diversas nociones cuyo factor común es aquello que nos hace o nos ha definido como seres humanos.
6.11.11
Carta de un extraño
Hoy te vi.
Bueno, vi un retrato tuyo y, te ves tan... apacible, tan natural. Y aunque esto lo diga mi parte menos civilizada, tan hermosa.
Me recordaste un día que paseaba por un pequeño bosque: el viento arrastraba consigo el aroma de los pinos, mis pasos sobre las hojas secas marcaban un sencillo compás y yo sólo observaba. Observaba con mis ojos cerrados. No lo sé explicar.
De los pinos caían de vez en cuando ramillas. Una se enredó en mi cabello.
Allí me di cuenta lo poco acostumbrado que estoy al aire puro, porque en cierto momento sentí que me ahogaba. Aunque era uno de esos ahogamientos que esperas que duren para siempre. Pero que sólo duran un instante.
¿Sabes? Siempre he comparado a las mujeres con las rosas: hermosas, de aroma embriagador y con esas espinas... esas espinas, una por cada herida que han sufrido. El mecanismo de defensa que se han visto obligadas a desarrollar. Pero hoy cuando te vi, bueno, tu retrato, pensé en esa flor de campo hermosa en sencillez acariciada por la brisa, bañada por el rocío de la mañana, ignorada por los males más grandes... Y pensé en que esa flor, es a la que las rosas envidian. Tiene un aroma tan sutil que para poder percibirlo hay que acercarse a ella despacio, con los ojos cerrados, inhalando profundamente pero sin prisa, y todo sólo para captar un olor dulce, tan suave que a la menor distracción... lo pierdes. Sí, ese olor es tan único, y tanto sumerges tus pensamientos en él que termina ahogándote. Pero es uno de esos ahogamientos que quieres que duren para siempre... mas, una vez más, sólo duran un instante.
Parece algo tonto, señorita del nombre curioso, incluso suena como a un loco enamorado, pero por favor, no vayas a malinterpretarme como uno.
No estoy loco de amor ni nada por el estilo: las circunstancias, mi razón y la propia experiencia me han forjado, me he educado para no permitirme caer tan fácilmente en los confusos encantamientos del malhechor Cupido, pero sí puedo decirte que, porque lo he decidido yo, me he enamorado de uno de tus retratos. Me ahogué en él... fue uno de esos ahogamientos que aunque sólo tardan un instante, los sientes eternos.
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