Speciei
- J.Eduardo Galeano
- Además de lo fascinante que me resulta su comportamiento como material pictórico, me interesa la gran carga simbólica de la sangre, las diferentes y opuestas reflexiones y actitudes que se generan en torno a ella cuando ha abandonado el cuerpo que la contenía. Es así como su oscilación entre los conceptos de vida y muerte me ha llevado a convertirla en el catalizador de mis inquietudes vitales, y en la materia prima de mi trabajo, ya que la vierto en soportes como madera y lienzo, para crear una serie de obras que aludirán a diversas nociones cuyo factor común es aquello que nos hace o nos ha definido como seres humanos.
31.10.12
El Brujo y su Tambor
Es noche de lamentos; de almas ojos sedientos,
esta noche caminamos al son
de una espeluznante canción.
Sólo descansan los enfermos,
cuando llega su momento de paz.
Cuando al día siguiente no los ves más despertar.
Para los que quedamos es noche de lamentos,
un coro de gemidos hambrientos
Vamos todos hoy por ti.
Si te escondes, no respires.
Si corres, mejor no pares, pues el hambre nos impulsa
no nos verás parar
hasta que te logremos alcanzar.
Sin llorar, sin gritar... aunque ya a nuestros oídos no puedas lastimar.
hoy sólo escuchamos al maestro tocar.
Retumbando en notas traídas del más allá,
en noche de brujas lo puedes oír.
Los ecos en tu pecho, lo puedes sentir,
hoy tu corazón deja de latir,
todos los muertos vamos por ti.
24.10.12
Medellín, la ciudad con trastorno de personalidad histriónica.
Medellín, la ciudad atormentada.
Se encuentra aislada, por cadena de montañas.
Esta pobre habita en sus entrañas.
"La ciudad ilustrada",
la ciudad chalada, "la que hacia adelante empuja",
es verdad: en el Metro siempre hay alguien que te estruja.
Y aunque tiene cosas buenas,
no es tan lindo como suena.
Aquí la belleza es verdadera...
ayudada un poco por la chequera.
Su gente no es regionalista
para ellos es "orgullo chimbita". Se abren hasta de piernas pa'l gringo
mientras entre sí se tratan como enemigos.
La pobre Medellín está trastornada,
quiere ser escuchada, llamar tu atención,
pues si no muere de frustración.
......
Medellín está frustrada;
se operó el busto, tiene nalgas hinchadas,
se pintorrea la cara y es como Barbie... aún más desfigurada.
Medellín, tiempo pasado
en tu caso, fue mejor. Eras linda antes de esas tetas,
cuando para verte, no debía pagarle a un proxeneta.
10.8.12
Autodestrucción absoluta
El suicida se suicida porque cree que nadie lo quiere.
El suicida se suicida porque piensa que no sirve para nada.
La ironía se suicida con el suicida que se suicida
cuando el suicida que se suicida resulta ser donante de órganos;
porque cuando el suicida que se suicida es donante,
el suicida que se suicida al fin sirvió para algo.
2.3.12
El Hombre de Arena no puede dormir
A simple vista, el trabajo del Hombre de Arena parecía muy sencillo: depositar un granito de arena sobre cada párpado humano para que sus dueños tuvieran dulces sueños.
Todos soñaban; niños, niñas, jóvenes y adultos, y ancianos también. Incluso la luna, desde que le asignó la tarea de repartir los dulces sueños al Hombre de Arena, dormía tranquila en su cama de estrellas y nunca despertaba.
Todos dormían, todos soñaban felizmente. Todos, excepto el Hombre de Arena. Él sufría de insomnio. Y no dormía para que los demás pudieran hacerlo. Y su tarea le estaba hartando.
"¡Tengo Sueño!" Gritaba. Y con la salida del sol no mejoraba nada; al otro lado del mundo habían otros humanos listos para dormir y, por lo tanto, soñar. Su labor, en fin, no terminaba nunca.
El Hombre de Arena se volvió huraño, pesado, malhumorado; tenía ya dos enormes bolsas de arena bajo sus ojos.
Una noche, ejerciendo su ininterrumpido trabajo, miró al pequeño humano que dormía frente a él. Un sonrosado regordete cuyos cachetes y panza inflados delataban un apetito insaciable por las chucherías. Al Hombre de Arena se le ocurrió de repente hacer un pequeño experimento: tomó un par de granos de arena de las bolsas que colgaban de sus ojos; eran granos oscuros, no resplandecían como los granos de su bolsa de trabajo que eran dorados.
Miró aquellos granitos oscuros y sonrió. Los colocó en los párpados del pequeño barrigón y esperó. De pronto, el niño empezó a girar su cabeza de un lado a otro, en su rostro se le veía intranquilo; luego esa intranquilidad se torció en miedo y, finalmente, el gordo gritó.
En ese instante una mujer irrumpió en el cuarto del niño y lo encontró sentado en su cama, con la cara empapada de sudor y con la mirada perdida en la oscuridad, los ojos totalmente abiertos y llenos de terror.
Entre las sombras de la habitación, el Hombre de Arena escuchó como el niño le contaba entre sollozos a su madre el sueño que acababa de tener: los enormes dulces persiguiéndolo; la gigantesca ola de leche y cereales que por poco lo ahoga y, al final, la hamburguesa que lo devoró, masticó y que luego escupió de él sólo los huesos.
La madre consolaba a su hijo que ahora lloraba y decía no querer volver a dormir jamás. El Hombre de Arena se reía para sus adentros mientras un plan un plan terminaba de tomar forma en su cabeza.
"Serás el hacedor de pesadillas", le dijo a la figura que terminaba de esculpir:
Muy parecido a él pero un poco más bajo (le llegaba hasta los hombros), y con un único ojo en el centro de la cara, el Hombre de Arena creó al Coco. Así decidió llamarlo. Una mezcla de la arena negra que tomó de los sacos bajo sus ojos, gusanos, raíces, y los colmillos que le sacó a un gato, muerto hacía unas horas en una carretera cercana, dieron forma a la criatura que por fin dejaría que el Hombre de Arena descansara.
Un mes ha pasado y mientras los humanos duermen, el Hombre de Arena y el Coco se los turnan para traerles felices sueños o terribles pesadillas.
Ahora, el Hombre de Arena puede tomarse un tiempo precioso para dormir y, aunque no puede soñar, a veces recuerda haber tenido una u otra pesadilla.
8.2.12
Piel
Los poemas de mi piel
son nerviosos, dulces o atrevidos.
Se inspira con las hojas
y con el viento,
con el agua tibia, con la tierra
o también con el agua fría.
Escribe odas a a tus besos, tus caricias;
cuando roza tus heridas.
Cuando abrazas, soplas,
respiras o pellizcas.
Escribe poemas en tu cercanía,
porque tenerte cerca,
es como perder la vida
y recobrarla enseguida.
Los poemas de mi piel,
los escribe cuando tu piel la toca.
Y aún así la duda me acosa:
pues me pregunto constantemente,
qué sería capaz de escribir mi boca.
son nerviosos, dulces o atrevidos.
Se inspira con las hojas
y con el viento,
con el agua tibia, con la tierra
o también con el agua fría.
Escribe odas a a tus besos, tus caricias;
cuando roza tus heridas.
Cuando abrazas, soplas,
respiras o pellizcas.
Escribe poemas en tu cercanía,
porque tenerte cerca,
es como perder la vida
y recobrarla enseguida.
Los poemas de mi piel,
los escribe cuando tu piel la toca.
Y aún así la duda me acosa:
pues me pregunto constantemente,
qué sería capaz de escribir mi boca.
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