Speciei

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Además de lo fascinante que me resulta su comportamiento como material pictórico, me interesa la gran carga simbólica de la sangre, las diferentes y opuestas reflexiones y actitudes que se generan en torno a ella cuando ha abandonado el cuerpo que la contenía. Es así como su oscilación entre los conceptos de vida y muerte me ha llevado a convertirla en el catalizador de mis inquietudes vitales, y en la materia prima de mi trabajo, ya que la vierto en soportes como madera y lienzo, para crear una serie de obras que aludirán a diversas nociones cuyo factor común es aquello que nos hace o nos ha definido como seres humanos.

1.3.13

Atea



El Sol nocturno ya salió. Arde la pradera como un fogón, por dos cuerpos como leña y fuego que bailan en su interior.
"Ven conmigo", te dije, y nunca dijiste que no.
El bosque fue entonces el testigo silencioso de aquel crimen en que la noche se iluminó para nosotros, como tratándose de un incendio forestal en medio de la nada, con las llamas mordiendo madera sin control pero que, al llegar el día, se extinguieron con la primera brisa. Así de fácil.

La Luna de la mañana se asomó con el frío que arrastra a cuestas. Y cuando los delirios del calor se desvanecieron de tu frente, olvidaste amor y pasión, y, recobrando tu condición, y reprobando la mía, echaste a correr sin volver la vista atrás.

No fue tu huída: fue tu determinación la que en mi pecho se alojó como uno de los clavos en las manos de tu dizque Señor.

¿Quién es el objeto de sus deseos? ¿Quién es el instrumento, sometido a la voluntad de quién?

¡Corre! Tu tan dichoso pecado va detrás, se va contigo. Y reza por ti, y reza por mi alma... si es que tengo. Pero reza sólo por mi alma que ella sería ahora lo único mío... Pues mi cuerpo fue tan tuyo como mi corazón y a ambos, el uno desnudo y el otro roto, los dejaste tirados en el pasto húmedo.

¡Vete! Y reza por tu alma, si acaso también por la mía que, mi cuerpo, mi corazón y mi voluntad mueren aquí conmigo.