La primera de las muchas noches que abarcan este relato, estaba una mujer sentada frente a su ventana, mirando fuera cómo la lluvia hacía que todas las personas en la calle buscaran refugio en el primer negocio que encontraran abierto a esa hora. Faltaban diez minutos para las doce.
La cafetería al frente del edificio donde ella vivía, y que veía desde su apartamento en el quinto piso, estaba atiborrada. Las órdenes de café y pan caliente venían de cada rincón. Afuera, sólo tres mesas permanecían secas gracias al pequeño techo que sobresalía del local, y en ellas, permanecían los clientes habituales, los bohemios. O al menos eso pretendían ser. Eran de aquellos que dan un sorbo a su taza de café, una pausada y profunda bocanada de humo a sus cigarrillos, y veían las gotas caer con la mirada perdida; ese tipo de mirada que intenta ver más allá en espera de una chispa de inspiración. Inspiración que nunca llega.
Ella no los miraba, los juzgaba con sus ojos negros, se burlaba para sus adentros, "gente ridícula" -pensaba- "a la creatividad no se la puede forzar a entrar. Sólo se puede dejar la puerta abierta y esperar..."
Ya estaba libre de sus ataduras formales. Tenía puesta sólo una camisa de hombre varias tallas más grande y debajo su ropa interior. Había recogido su cabello rojo cobrizo en una cola de caballo y ya no había maquillaje que escondiera su belleza natural ni su blancura casi sobrenatural. Estaba inmersa en sus observaciones mientras se tomaba un vaso de leche tibia.
Faltaban tres minutos para las doce y Ella estaba por terminar su bebida cuando vio una enorme silueta, tan negra como la misma noche, acercarse a las mesas exteriores. Parecía un vago, llevaba un gran bulto en la espalda y estaba cubierto por un sencillo abrigo negro que le llegaba hasta los tobillos. Su cabello era del mismo color, descendía hasta sus hombros, estaba empapado como el resto de él y más que cubrir su cuello parecía querer estrangularlo. El hombre se quitó de encima el peso que cargaba y lo puso a sus pies bajo techo, queriendo evitar que éste se mojara más. Ella miraba expectante, con la mente en el teléfono, sólo por si acaso.
Lo que aquel sombrío sujeto descargó, como lo vieron los presentes, algunos simplemente precavidos, otros empezando a aterrarse, era un estuche. Entonces, el vagabundo lo abrió lentamente y descubrió un reluciente cello. Era negro también y tenía varias rosas rojas pintadas en el cuerpo, ubicadas de manera ascendente en una enredadera que formaba una "S" alargada por toda la parte frontal del instrumento.
Del mismo estuche, el hombre sacó el arco y, sin siquiera mirar a las seis o siete personas que le miraban inquisitivas, cerró los ojos y comenzó a tocar.
La melodía era melancólica, plagada de tintes oscuros, por momentos era plana y ligera, en otros compleja e incluso difícil de seguir. Ella, a pesar de la lluvia, a pesar de que estaba en un quinto piso, y a pesar de encontrarse al otro lado de la calle, escuchó la pieza con absoluta claridad. Sus extremidades no respondían, estaba como hipnotizada por aquella tonada, se sentía como una roca pero estaba maravillada. Aunque también se empezó a sentir asediada: Se le dificultaba la respiración a intervalos irregulares, sentía como si una gran fuerza la halara y la empujara, suspiraba. Gemía.
Cuando la interpretación finalizó, el supuesto público aplaudió tan fuerte que varias personas de adentro salieron a satisfacer su curiosidad. El vagabundo, poniéndose de pie, respondió a los aplausos con una inclinación y luego, pasando el arco a la mano con la que sostenía el cello, giró medio cuerpo y miró la ventana desde donde Ella aún lo veía fijamente, inmóvil e inexpresiva. Entonces, él inclinó su cabeza para atrás dejando que el agua le apartara poco a poco los cabellos, descubriendo su rostro: era tan blanco como un cadáver. Sus ojos eran negros y sobre ellos un par de oscuras y pobladas cejas. Posó aquellos ojos de nuevo en la ventana y con su ceño fruncido y una extraña sonrisa que descaradamente no intentaba disimular, acercó su mano libre a sus labios y le lanzó un beso a Ella que reaccionó al instante alejándose del cristal. Saltó a la cama y se envolvió en las sábanas. Eran las doce y diez.
Luego de esa noche, Ella pasó todo el mes de noviembre teniendo pesadillas. El músico se aparecía a veces en sus sueños, le susurraba cosas al oído que ella nunca lograba entender ni recordar. Siempre salía de las sombras, la abrazaba por la cintura y Ella temblaba.
Llegó el mes de diciembre y parecía que las pesadillas eran menos recurrentes. Una que otra noche al cerrar los ojos escuchaba de nuevo la melodía, sacudía la cabeza e intentaba dormirse pero no era hasta que la tonada sonara completa que Ella podía descansar.
Para cuando llegó enero, ya había olvidado la mayoría de los sucesos de esa primera noche y la canción se desvanecía también poco a poco de sus recuerdos. Pensó que todo estaría bien. Pero la última noche de enero, una noche de Luna llena y llovizna, un cello sonó cinco pisos más abajo.
Ella, sola como siempre, tenía como única fuente de luz la lámpara de su cuarto. Cuando empezó a escuchar las graves notas del comienzo de la canción se bañó en un sudor frío, sintió que sus piernas no respondían. Intentó callar la música encendiendo el televisor y subiéndole el volumen pero la música resonaba en su mente, hacía eco en su alma. Subió el volumen hasta el máximo pero seguía sin dar resultado. Se cubrió los oídos y gritó... la música estaba más cerca. En ese instante recordó la pieza completa, volvió a la noche en que el músico interpretaba frente al café. -"¡Esa maldita música!"- gritó. De repente, cuando la canción iba en la mitad, se interrumpió de pronto. Ella tardó un minuto entero en reaccionar pues creía que el hombre del abrigo estaría justo detrás de ella. Pero no, estaba tan sola como al principio. Tan pronto se descubrió los oídos y abrió los ojos poco a poco, miró al rededor y luego corrió a la ventana. Allá estaba, el abrigo negro, el estuche con el cello adentro, estaba sentado en una de las mesas con una taza de café humeando cerca de su boca, con los cabellos cubriéndole casi toda la cara a excepción de un ojo con el cuál miraba hacia donde estaba Ella. No tardó ni un segundo. Aquella visión confirmó su peor miedo y de un solo tirón cerró la cortina y tomó el teléfono para llamar a la policía. Cuando tenía el aparato entre el hombro y el oído, se asomó cautelosamente por la cortina cerrada. Él se había ido.
De repente un relámpago rompió la calma de la llovizna y a Ella una corriente helada le recorrió los hombros hasta la nuca, se sintió desvanecer por un instante. Casi de inmediato volvió en sí y se acostó, se echó las sábanas encima y se durmió hablando consigo misma mientras las sombras de su habitación se re-acomodaban.
Pasaron tres meses más en que Ella sólo tuvo noches de largos descansos, no soñaba o si lo hacía era como si viera el interior de sus párpados.
El tiempo venía en cuenta regresiva desde hacía seis meses y Ella se había debilitado. La última semana la pasó en cama sintiendo terribles dolores abdominales. Gritaba, lloraba, estaba desesperada. No pudiendo soportar más esa noche, llamó al hospital más cercano y entre retortijones y llanto esperó a que llegara una ambulancia.
Varios minutos después escuchó la sirena a lo lejos y el sonido venía incrementándose hasta que escuchó que un vehículo se detenía muy cerca, tal vez en su edificio. Nadie llamó a la puerta pasados veinte minutos. Estaba desesperada, continuaba gritando. De pronto una voz profunda, de una resonancia casi metálica le dijo "ya viene". Volteó: no vio a nadie. En ese momento entraron corriendo dos enfermeras y un médico, y al verla en cama se quedaron estupefactos. No podía hablar. No entendía nada de lo que decían salvo las palabras "no hay tiempo" y "tendremos que hacerlo aquí".
Entonces ella abrió los ojos.
Su vientre estaba hinchado, su piel brillaba por el sudor, su cabello rojizo desordenado, parecía llamas sobre la almohada. Intentó moverse sin resultado, estaba atada de brazos y piernas en la cama. Una de las enfermeras acariciaba su cabeza. No veía al doctor ni a la otra enfermera. Iba a empezar a hacer preguntas cuando comenzó a sentir el dolor más fuerte que jamás hubiera experimentado. Le dolía el abdomen a niveles extremos. Quiso gritar pero no pudo, no tenía voz. Entonces escuchó la voz del que parecía ser el doctor -"¡puje!"-escuchó. Se resistió. -"¡Ya es hora, puje!"-. Negó con la cabeza. Intentó resistir pero el dolor era tal que ya no podía ver. Estaba a punto de desmayarse cuando un sonido le heló la sangre. Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Eran esas notas, las mismas notas de esa primera vez... El cellista estaba en su apartamento, en la habitación contigua, tocando.
La tenue luz de la lámpara inundó el apartamento. Seguía muda, su cara estaba roja, oía al doctor de nuevo impulsándola a pujar. Lo hizo. La canción del cellista continuaba...
Cuando llegó a las últimas notas, un llanto se empezó a oír. Finalizada la canción, el parto de había terminado. El músico se acercó despacio y Ella vio cómo la otra enfermera le entregaba la criatura. Tan pronto lo tuvo en sus brazos, el bebé dejó de llorar y giró la cabeza. Ella estaba ahí, atada en su cama, el bebé la miraba fijamente con unos ojos tan negros como abismos. El cellista la miraba también. Éste apartó la mirada mientras el bebé sostenía la suya sobre Ella con intensidad. Estaba débil, las lágrimas no paraban de brotar de sus ojos, recorrieron sus mejillas. Su visión se desvanecía mientras intentaba apartarla de la pequeña bestia. Las fuerzas la fueron abandonando mientras el vagabundo con el niño en brazos, se dirigía a las sombras de un rincón. Los fantasmas de las enfermeras y el doctor también desaparecieron tras él. Entonces Ella, dirigiendo su cabeza hacia la ventana con los ojos fijos en la nada, olvidó por completo aquella diabólica melodía y expiró.
Speciei
- J.Eduardo Galeano
- Además de lo fascinante que me resulta su comportamiento como material pictórico, me interesa la gran carga simbólica de la sangre, las diferentes y opuestas reflexiones y actitudes que se generan en torno a ella cuando ha abandonado el cuerpo que la contenía. Es así como su oscilación entre los conceptos de vida y muerte me ha llevado a convertirla en el catalizador de mis inquietudes vitales, y en la materia prima de mi trabajo, ya que la vierto en soportes como madera y lienzo, para crear una serie de obras que aludirán a diversas nociones cuyo factor común es aquello que nos hace o nos ha definido como seres humanos.
22.12.11
6.11.11
Carta de un extraño
Hoy te vi.
Bueno, vi un retrato tuyo y, te ves tan... apacible, tan natural. Y aunque esto lo diga mi parte menos civilizada, tan hermosa.
Me recordaste un día que paseaba por un pequeño bosque: el viento arrastraba consigo el aroma de los pinos, mis pasos sobre las hojas secas marcaban un sencillo compás y yo sólo observaba. Observaba con mis ojos cerrados. No lo sé explicar.
De los pinos caían de vez en cuando ramillas. Una se enredó en mi cabello.
Allí me di cuenta lo poco acostumbrado que estoy al aire puro, porque en cierto momento sentí que me ahogaba. Aunque era uno de esos ahogamientos que esperas que duren para siempre. Pero que sólo duran un instante.
¿Sabes? Siempre he comparado a las mujeres con las rosas: hermosas, de aroma embriagador y con esas espinas... esas espinas, una por cada herida que han sufrido. El mecanismo de defensa que se han visto obligadas a desarrollar. Pero hoy cuando te vi, bueno, tu retrato, pensé en esa flor de campo hermosa en sencillez acariciada por la brisa, bañada por el rocío de la mañana, ignorada por los males más grandes... Y pensé en que esa flor, es a la que las rosas envidian. Tiene un aroma tan sutil que para poder percibirlo hay que acercarse a ella despacio, con los ojos cerrados, inhalando profundamente pero sin prisa, y todo sólo para captar un olor dulce, tan suave que a la menor distracción... lo pierdes. Sí, ese olor es tan único, y tanto sumerges tus pensamientos en él que termina ahogándote. Pero es uno de esos ahogamientos que quieres que duren para siempre... mas, una vez más, sólo duran un instante.
Parece algo tonto, señorita del nombre curioso, incluso suena como a un loco enamorado, pero por favor, no vayas a malinterpretarme como uno.
No estoy loco de amor ni nada por el estilo: las circunstancias, mi razón y la propia experiencia me han forjado, me he educado para no permitirme caer tan fácilmente en los confusos encantamientos del malhechor Cupido, pero sí puedo decirte que, porque lo he decidido yo, me he enamorado de uno de tus retratos. Me ahogué en él... fue uno de esos ahogamientos que aunque sólo tardan un instante, los sientes eternos.
7.9.11
Pobre estúpido yo
Nací un día oscuro, (una noche de lluvia).
Era el más feo pequeñajo,
tan viscoso y verde que parecía un renacuajo,
me resbalé de manos del doctor como cuatro veces,
siempre que me cogía, de nuevo me caía.
Y es que el sujeto no podía
sobreponerse a la sorpresa,
de que yo no pareciera humano,
sino de un león su presa.
Ya masticada y de lo asquerosa que estaba, de lo mal que sabía,
el león me escupiría.
Eso lo sé, pobre estúpido yo.
-Perdóneme la torpeza
-No se preocupe, doctor, déjelo caer de nuevo...
A ver si con la quinta se arregla.
A pesar de los esfuerzos del doctor,
y de toda la ayuda de las enfermeras,
y aunque mi madre hiciera tanta fuerza,
y mi padre gritaba con dureza...
nací, y para ellos, ¡qué pereza!
-¿No se morirá si le cortamos la cabeza?
Dulce niñez la que tuve,
aunque sólo recuerde perros, cajas,
...haber perdido una oreja...
Y era la que me quedaba.
Pobre estúpido yo.
"¡Sapo!" me gritaban,
y tenían razón, sin orejas y verde...
lo resbaloso nunca se me quitó,
y creo que con el tiempo la condición aumentó.
Me fui a un lago creyéndome anfibio,
casi me ahogo saltando al agua sin haber aprendido,
y a pesar de que no morir fue para mí un alivio
tragué tanta agua que ahora vivo con el estómago adolorido.
Pobre estúpido... yo.
En la iglesia me dijeron en sus enseñanzas
que dios hace a todos a su imagen y semejanza,
Decir eso para mí no fue un acierto,
porque si se parece a todos es feo...
o quiso decirme que soy un experimento.
Pobre estúpido yo.
Habiendo salido,
pues lo que me dijeron me dejó muy ofendido,
un auto pasó, me arroyó...
pero yo sólo quedé algo aturdido.
Esa marca de llanta en mi panza,
no reviste mayor importancia.
Lo que me preocupa es mi cabeza,
¿cómo harán para arreglarla?
así desbaratada como la veo,
no puedo vivir mucho tiempo...
ojalá la arreglen a tiempo.
Mira a mi pobre ser, todo verde y retorcido.
Pobre estúpido yo, espero salir de esta con vida,
para poder ir al edificio más alto y así me suicido.
Era el más feo pequeñajo,
tan viscoso y verde que parecía un renacuajo,
me resbalé de manos del doctor como cuatro veces,
siempre que me cogía, de nuevo me caía.
Y es que el sujeto no podía
sobreponerse a la sorpresa,
de que yo no pareciera humano,
sino de un león su presa.
Ya masticada y de lo asquerosa que estaba, de lo mal que sabía,
el león me escupiría.
Eso lo sé, pobre estúpido yo.
-Perdóneme la torpeza
-No se preocupe, doctor, déjelo caer de nuevo...
A ver si con la quinta se arregla.
A pesar de los esfuerzos del doctor,
y de toda la ayuda de las enfermeras,
y aunque mi madre hiciera tanta fuerza,
y mi padre gritaba con dureza...
nací, y para ellos, ¡qué pereza!
-¿No se morirá si le cortamos la cabeza?
Dulce niñez la que tuve,
aunque sólo recuerde perros, cajas,
...haber perdido una oreja...
Y era la que me quedaba.
Pobre estúpido yo.
"¡Sapo!" me gritaban,
y tenían razón, sin orejas y verde...
lo resbaloso nunca se me quitó,
y creo que con el tiempo la condición aumentó.
Me fui a un lago creyéndome anfibio,
casi me ahogo saltando al agua sin haber aprendido,
y a pesar de que no morir fue para mí un alivio
tragué tanta agua que ahora vivo con el estómago adolorido.
Pobre estúpido... yo.
En la iglesia me dijeron en sus enseñanzas
que dios hace a todos a su imagen y semejanza,
Decir eso para mí no fue un acierto,
porque si se parece a todos es feo...
o quiso decirme que soy un experimento.
Pobre estúpido yo.
Habiendo salido,
pues lo que me dijeron me dejó muy ofendido,
un auto pasó, me arroyó...
pero yo sólo quedé algo aturdido.
Esa marca de llanta en mi panza,
no reviste mayor importancia.
Lo que me preocupa es mi cabeza,
¿cómo harán para arreglarla?
así desbaratada como la veo,
no puedo vivir mucho tiempo...
ojalá la arreglen a tiempo.
Mira a mi pobre ser, todo verde y retorcido.
Pobre estúpido yo, espero salir de esta con vida,
para poder ir al edificio más alto y así me suicido.
28.5.11
Cuando mi Alma...
Cuando mi Alma siente frío, se aloja en mi corazón.
Cuando necesita un consejo, se aloja en mi cerebro.
Cuando mi Alma necesita una ventana, se aloja en mis ojos.
Cuando Necesita ser escuchada, se aloja en mi boca.
Cuando quiere que la mimen, se aloja en mi piel.
Cuando está de mal humor... se aloja atrás y expele su rabia.
Y cuando quiere tomarse un respiro, se refugia en mis pulmones.
Y sólo es cuando mi Alma sabe que alguien la ama que,
parte de ella se desprende y busca calor en el corazón de ella,
busca un consejo en su mente,
busca verla a través de mis ojos,
abandona mi boca y se acomoda en mis oídos para escucharla,
se queda en mi piel... y no para ser mimada sino para mimarla a ella.
Y nunca se pone de mal humor.
Respira a través de su aliento,
y vive en ella, alojada en su pecho, refugiada en su corazón,
acariciada por su alma gemela.
1.3.11
Yerbatero Sincero
Dices Te Amo, ella no lo hace;
el Amor por sí solo nace.
Si no lo hace, no lo hará
eso no quiere decir que nadie te amará,
Sólo debes esperar;
así que, paciencia, ¡ponte a jugar!
Y Mientras tanto,
de las aves escucha el canto;
de los grillos,
sus cantillos;
de los muertos,
sus cuentos;
es la oportunidad que tienes,
de volver a conocerte, y a otros "quienes".
No te decepciones,
si aún no corresponden a tus pasiones;
ya luego alguien te pegará el sida.
Mientras tanto, disfruta tu vida.
Haz el amor contigo,
y si lo quieres.. también conmigo.
A veces la necesidad,
se vuelve una eternidad;
Así que no necesites,
que lo que a corto plazo quieres, lo consigues.
No llores por el que en tu vida aún no existe,
Que, tal vez más tarde notes, que tu vida en ello perdiste.
El Corazón quiere,
Lo que el corazón quiere.
Pero la mente aconseja calmada,
cuando el corazón se pierde en la pendejada.
¡Ten entre estos dos Equilibrio!
y eso a tu vida traerá alivio.
Fin del consejo,
ya me alejo.
¡Que se demore tu muerte!
Y que tengas buena jodida suerte.
el Amor por sí solo nace.
Si no lo hace, no lo hará
eso no quiere decir que nadie te amará,
Sólo debes esperar;
así que, paciencia, ¡ponte a jugar!
Y Mientras tanto,
de las aves escucha el canto;
de los grillos,
sus cantillos;
de los muertos,
sus cuentos;
es la oportunidad que tienes,
de volver a conocerte, y a otros "quienes".
No te decepciones,
si aún no corresponden a tus pasiones;
ya luego alguien te pegará el sida.
Mientras tanto, disfruta tu vida.
Haz el amor contigo,
y si lo quieres.. también conmigo.
A veces la necesidad,
se vuelve una eternidad;
Así que no necesites,
que lo que a corto plazo quieres, lo consigues.
No llores por el que en tu vida aún no existe,
Que, tal vez más tarde notes, que tu vida en ello perdiste.
El Corazón quiere,
Lo que el corazón quiere.
Pero la mente aconseja calmada,
cuando el corazón se pierde en la pendejada.
¡Ten entre estos dos Equilibrio!
y eso a tu vida traerá alivio.
Fin del consejo,
ya me alejo.
¡Que se demore tu muerte!
Y que tengas buena jodida suerte.
22.2.11
El Viejo Guitarrista en la Montaña
Como testigo del mundo he estado aquí desde Siempre,
mi guitarra y sus acordes,
evocan los recuerdos de tiempos memoriales
Paz y Guerra, tiempos simples
y el fin del mundo.
He estado aquí desde siempre,
tocando para el silencio,
música que hace bailar al viento
y calma las tormentas.
Me puedes ver solitario, si decides hacerlo...
Arriba en la montaña, con las aves a coro
tocando, siempre tocando, para que el mundo no olvide
Vidas que acaban y otras que comienzan,
en mis notas, de todas un fragmento se oye
Estoy aquí desde antes del mundo
y estaré aún cuando envejezca y perezca.
¡Ah!, la música para mis adentros...
Eco mudo que retumba en cuevas,
montes, lagos y las enormes ciudades.
Conozco cada árbol, cada célula y partícula...
Voy en mi eterno andar...
mi guitarra y sus acordes,
evocan los recuerdos de tiempos memoriales
Paz y Guerra, tiempos simples
y el fin del mundo.
He estado aquí desde siempre,
tocando para el silencio,
música que hace bailar al viento
y calma las tormentas.
Me puedes ver solitario, si decides hacerlo...
Arriba en la montaña, con las aves a coro
tocando, siempre tocando, para que el mundo no olvide
Vidas que acaban y otras que comienzan,
en mis notas, de todas un fragmento se oye
Estoy aquí desde antes del mundo
y estaré aún cuando envejezca y perezca.
¡Ah!, la música para mis adentros...
Eco mudo que retumba en cuevas,
montes, lagos y las enormes ciudades.
Conozco cada árbol, cada célula y partícula...
Voy en mi eterno andar...
Me puedes ver solitario, si quieres hacerlo.
Arriba en la montaña, con las aves a coro
tocando, siempre tocando, para que el mundo no olvide
Que yo soy su Padre; el Tiempo.
31.1.11
Diario de una Anciana
"¿Cómo no voy a recordar mi juventud?, ¡tiempos aquellos! en que vivía bajo una capa de piel firme, y sueños. Las fantasías nunca me abandonaron y no lo harán todavía...
Recuerdo cuando cumplí mis primeros 5 años, parecía tan normal. Una niña de cabello rojizo encendido y al sol parecía la cabeza de una cerilla cuando recién roza con la caja de fósforos. En mis ojos verdes relucía esa chispa de esperanza que no tienes cuando has vivido. Cuando eres viejo.
Mis 15 años, ¡Qué memorable jornada!, mi cumpleaños fue una fiesta para no acabar y tenía tantas amigas que no las podía contar, los niños me molestaban y algunos me admiraban con su timidez habitual. De esos niños vino uno en especial que me amó en su época... El amor a mis 17, qué esbelto era y tenía en sus ojos un no sé qué de felicidad mezclada con esa mirada seria y mezquina que lanzaba a aquellos imprudentes e ignorantes que intentaban ofenderle, o a mí.
Cruel fue su final. Aún le recuerdo con mucho cariño, mas no con ese amor juvenil, puro e inocente que sólo sentimos la primera vez... Terminó su relación conmigo cuando yo cumplía 21 años de edad, cada quien decide cómo volar.
Mis 30... ¡Por poco y no los acepto!, pero qué grandiosa época fue también. Mis amigas, (las que conservé), todas eligiendo su futuro y tantas historias que podría contar de cada una...:
La que quería casarse, la que decidió dedicarse a trabajar, la que abandonó todo por un sueño tan imposible que le costó tanto... Pero me alegra escribir que lo cumplió.
Por lo demás creo que mi vida fluyó normalmente. Ahora es en estos años que me hace bien viajar y mucho lo hice con mis amigas. Hemos tenido aventuras por nuestra cuenta. ¡No crean que esta ancianita fue todo tardes de café y galletas integrales!.
Pero recurro a todas mis fuerzas hoy para escribir porque, aunque el ejercicio es el alimento del cuerpo y leer es el de la mente, escribir es el alimento del Alma. Y espero que con estos sencillos párrafos, ella descanse en Paz."
Recuerdo cuando cumplí mis primeros 5 años, parecía tan normal. Una niña de cabello rojizo encendido y al sol parecía la cabeza de una cerilla cuando recién roza con la caja de fósforos. En mis ojos verdes relucía esa chispa de esperanza que no tienes cuando has vivido. Cuando eres viejo.
Mis 15 años, ¡Qué memorable jornada!, mi cumpleaños fue una fiesta para no acabar y tenía tantas amigas que no las podía contar, los niños me molestaban y algunos me admiraban con su timidez habitual. De esos niños vino uno en especial que me amó en su época... El amor a mis 17, qué esbelto era y tenía en sus ojos un no sé qué de felicidad mezclada con esa mirada seria y mezquina que lanzaba a aquellos imprudentes e ignorantes que intentaban ofenderle, o a mí.
Cruel fue su final. Aún le recuerdo con mucho cariño, mas no con ese amor juvenil, puro e inocente que sólo sentimos la primera vez... Terminó su relación conmigo cuando yo cumplía 21 años de edad, cada quien decide cómo volar.
Mis 30... ¡Por poco y no los acepto!, pero qué grandiosa época fue también. Mis amigas, (las que conservé), todas eligiendo su futuro y tantas historias que podría contar de cada una...:
La que quería casarse, la que decidió dedicarse a trabajar, la que abandonó todo por un sueño tan imposible que le costó tanto... Pero me alegra escribir que lo cumplió.
Por lo demás creo que mi vida fluyó normalmente. Ahora es en estos años que me hace bien viajar y mucho lo hice con mis amigas. Hemos tenido aventuras por nuestra cuenta. ¡No crean que esta ancianita fue todo tardes de café y galletas integrales!.
Pero recurro a todas mis fuerzas hoy para escribir porque, aunque el ejercicio es el alimento del cuerpo y leer es el de la mente, escribir es el alimento del Alma. Y espero que con estos sencillos párrafos, ella descanse en Paz."
19.1.11
Juguete Nuevo
Esta era una gatita, un poquito singular,
Le gustaba correr, y le gustaba jugar
En las noches, muy cansada
Siempre se iba a dormir.
Pero una noche como esta,
No se lo iba a permitir:
Desde el cielo oscuro,
Una luz blanca-azulada,
Hasta donde la gatita dormía,
En su pelo iluminaba
Despertó, se estiró
Y con ojos curiosos, al cielo observó
De su cama se levantó
Y emprendió un pequeño viaje
Fuera de la casa,
Para ver la luz que rozó su pelaje
Al llegar al tejado,
Donde subió con destreza
Encontró en el cielo, una esfera
Que no conocía con certeza
Era tan blanca y redonda,
Como la rosa es bella y carmín.
La gatita, ilusionada, pensó:
“Ese juguete, yo lo quiero para mí”
Y así toda la noche, brincó y saltó,
Rebotó, de nuevo brincó
Pero a la esfera plateada
Nunca alcanzó.
Sentada allí, sola
Miraba, triste y cansada
Hasta haberse quedado dormida
Sin siquiera una almohada
En su cabecita, un sueño
Empezó a surgir
Y en la luna, se imaginaba
Recorriéndola sin fin
Despertó sonriendo,
Y ahora duerme en el tejado
Esperando su juguete,
Entre sus sueños plateados.
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