Speciei

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Además de lo fascinante que me resulta su comportamiento como material pictórico, me interesa la gran carga simbólica de la sangre, las diferentes y opuestas reflexiones y actitudes que se generan en torno a ella cuando ha abandonado el cuerpo que la contenía. Es así como su oscilación entre los conceptos de vida y muerte me ha llevado a convertirla en el catalizador de mis inquietudes vitales, y en la materia prima de mi trabajo, ya que la vierto en soportes como madera y lienzo, para crear una serie de obras que aludirán a diversas nociones cuyo factor común es aquello que nos hace o nos ha definido como seres humanos.

1.12.13

El Carpintero




Era un niño, la primera vez que vi a un carpintero; emitía un sonido singular al golpetear la corteza de un árbol con su pico. No podía dejar de mirarlo: su copete rojo, sus alas moteadas… su tamborileo; en esa avecita todo era hipnótico.
Quise acercarme pero se percató de mi presencia y vi cómo huía rápidamente zigzagueando por el cielo. Fue la última vez que vi a uno tan cerca, hasta hace algunos años…
Seguía siendo un niño, al menos en algunos sentidos ajenos a lo físico, cuando volví a ver a un pájaro carpintero:
Aunque ya conocía la muerte, nunca la había tenido tan cerca, tan al alcance de mis dedos… El ave yacía inmóvil en una delgada cama de pasto y, si no lo tomé con mis manos, fue porque no quise interrumpir el festín que se estaban dando las hormigas con sus organitos. Ni qué decir de sus ojos. Pero no quise irme tampoco, me tendí –a una distancia segura de las hormigas-, cerca del carpintero y me quedé mirando a la gente que pasaba. Pocas, muy pocas, me notaban allí tirado; suponía que eran las más despiertas.
Obviamente ninguna vio al pájaro, o le hizo igual caso que a mí.
Había dejado de ser un niño ahora que, junto al cadáver del pájaro carpintero, no sólo comprendía el absolutismo de la muerte, sino que además la aceptaba… la abrazaba conforme se convertía, inexorablemente, en parte de la vida. La más breve de sus etapas, si las hay, y aun así a más temida por sus usuarios. Pero hay algo que fluye entre ambas, algo que me revelaron las hormigas mientras hacían túneles dentro del tórax del ave: aunque seca, podrida o en pequeñas burbujas, allí corrió sangre, el fluido vital que circula como un río por nuestras venas y escapa de ellas a gotas, a borbotones o cataratas, un signo de ambos estados, vivir y morir. La sangre se mueve y circula entre ellos y reúne alrededor suyo, mitos y leyendas, supersticiones o agüeros, rituales, historias que nos devuelven a nuestros orígenes, a recordar y/o reconocer a nuestros ancestros. A nosotros mismos.
El pájaro carpintero, estaba claro que hace mucho dejó de sangrar, y más de vivir, pero al menos ha corrido con la suerte o, tal vez, la desgracia, de haber evadido la inexistencia.
Temporalmente.