Speciei

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Además de lo fascinante que me resulta su comportamiento como material pictórico, me interesa la gran carga simbólica de la sangre, las diferentes y opuestas reflexiones y actitudes que se generan en torno a ella cuando ha abandonado el cuerpo que la contenía. Es así como su oscilación entre los conceptos de vida y muerte me ha llevado a convertirla en el catalizador de mis inquietudes vitales, y en la materia prima de mi trabajo, ya que la vierto en soportes como madera y lienzo, para crear una serie de obras que aludirán a diversas nociones cuyo factor común es aquello que nos hace o nos ha definido como seres humanos.

4.2.10

Capítulo IV: Un Libro que no estaba en la Biblioteca…



“Cuando se cierra una puerta y Dios te abra una ventana para salir y Satanás te abra la puerta del sótano… Sube a la terraza y lánzate al vacío”.

Habían pasado unas semanas, hace un par de días Joaquín pensaba que le habían reducido los castigos pero era sólo que se estaba acostumbrando. Antonio parecía siempre más enfermo, como si le doliera el estómago de cólicos… pero más abajo, hacía ya mucho tiempo que no había una enfermera o un doctor, y siempre que decía que le dolía “algo” un cura le respondía “Dios te sanará”…

Fue en una noche mientras Joaquín le contaba sobre su último castigo a Antonio que algo extraño ocurrió:

-“Esta vez no me dolió tanto… me castigo un cura distinto, pero ese tenía una estaca pequeñita, si sentí el fastidio y un poco de dolor como siempre, pero pudo haber sido peor… y ya me ves aquí… fue rápido”.
Antonio escuchaba atento, y sentía un poco de envidia por el “golpe de suerte” de su amigo cuando le vio algo cerca del labio, se inclinó a señalárselo cuando perdió el equilibrio del borde de la cama en el que se apoyaba y fue a caer de nariz al piso, logró sostenerse con una sola mano, y el peso de su cuerpo todo sobre el brazo hizo que una baldosa que estaba floja se moviera y se levantara un poco por la esquina…

-“Ahora si me llevó el demonio del que tanto queremos alejarnos, acabé de dañar el suelo del cuarto!” –exclamó Antonio con una cara pálida casi de Muerte.
-“No, tranquilízate, lo vamos a arreglar, ponla en su lugar… acomódala y ponle algo encima –sugirió Joaquín- pero…
Primero mira qué le puedes meter abajo… cada que pasaba por encima de ella sonaba distinto a las demás… como si no tuviera nada debajo, busca algo qué meterle para que no suene vacía”

Antonio se dispuso a sacar un trapo que tenía al otro lado debajo de la cama con el que recordaba a su mamá, para enrollarlo y meterlo debajo de la baldosa pero no cupo…
-“tengo que levantarla más” –dijo.
“qué raro, ahí hay espacio para meterlo” –exclamó Joaquín
-“Pues sí lo hay pero mira que no quiere, tal vez sí hay algo ahí debajo… tengo que ver”.
Antonio encajó sus dedos en la esquina de la baldosa y la jaló suavemente para aflojarla de sus otras esquinas y al cabo de un momento la baldosa cedió como una tapa. Estaba oscuro, era un agujero poco profundo, que para sorpresa de Joaquín no estaba vacío:
Antonio metió la mano temblorosa con mucha lentitud e inseguridad y cuando sintió que había tocado algo, lo tomó, cerró los ojos y lo sacó con rapidez, de inmediato lo tiró a la cama de Joaquín que por poco se cae al dar un brinco del susto…
-“Antonio, idio...Hm!, -se interrumpió Joaquín con miedo a ser escuchado y castigado de nuevo, esta vez con una estaca grande-, casi me matas de un susto, pensé que era una rata muerta…”
-“Bueno, eso es mejor a lo que yo había pensado que era” –respondió Antonio con alivio… (Lo que él imaginaba era una cajita llena de repuestos de estacas de los curas y que esa vez sí que iba a estar en líos) –“uff!, por un momento pensé que era...”
-cuando le dijo a Joaquín lo que él pensaba que era ambos se echaron a reír, con cuidado de no hacerlo muy duro para no ser escuchados…
-“Eres todo un tonto Antonio, y qué querías que hiciéramos con ellas si eso fuera lo que hubiéramos encontrado?, castigarnos nosotros mismos?”
De repente ambos se pusieron serios, a ninguno de los dos le gustó lo que escuchó…
-“Eres malo Joaquín, así piensas arruinar todas las bromas? Porque no me va a gustar, te lo digo de una vez…”
-“lo siento… hey, y qué tal si en lugar de a nosotros, castigáramos nosotros a los curas?, digo, no a todos pues sólo he visto que son como 4 los que nos castigan… hay otros que no saben que nos castigan, o eso es lo que creo… pero no importa, haber qué es lo que hay aquí?”

Tomó Joaquín el pequeño bulto, era un poco más pequeño que su cuaderno de notas pero aún así más grueso, estaba envuelto en un trapo viejo, una pañoleta con el diseño de lo que para Joaquín y Antonio era una estrella, pero la imagen estaba casi borrada por completo por el desgaste, y el nudo en la parte de atrás no lo tuvieron que soltar… sólo un pequeño tirón de Joaquín y se deshizo entre sus dedos, ambos estaban intrigados pero más aún estaban asustados, espantados con la idea de lo que ese viejo trapo envolvía… y en lo que se estarían metiendo por haberlo sacado de su escondite…

-“pronto, tapa ese hueco –ordenó Joaquín con impaciencia- baja la baldosa y pon sobre ella tu bolso de mano”
-“pero… y esa cosa qué? No la vas a dejar de nuevo allí?” –preguntó tímidamente Antonio…
-“Qué? Sin saber qué es esto? Esto ha sido lo más emocionante que ha ocurrido aquí desde… ya sabes… siempre, y tengo curiosidad… tú no?” –pregunta a la que Antonio asintió con la cabeza lentamente…

Tan pronto como dejaron de discutir, tomó Joaquín el pañuelo, lo metió por una esquina del colchón al lado de su almohada y miró atentamente el bulto…
-“Es un Libro!”, -exclamó Antonio, tan sorprendido que no recordaba que estaba de noche y todos estaban dormidos, los demás niños no despertaron (o simularon no haberlo hecho) pues de repente, irrumpió con un golpe seco en el cerrojo de la puerta, el cura que había llevado al internado a Joaquín…
Antes de que la figura alta y fofa del cura se asomara, Joaquín, de un movimiento rápido logró esconder el pequeño Libro bajo la almohada pero no pudo acomodarse, estaba sentado cuando el cura lo vio, a él y a Antonio que apenas estaba tirándose de golpe sobre su almohada…

-“Qué es ese escándalo!? –gritó con rabia el padre- ustedes dos!, el castigo que les espera!”
-se fue hacia ellos, los tomó a ambos del brazo y le dio Antonio al padre que había castigado a Joaquín cuando era más joven la noche…
Antonio hizo una expresión de alivio que pronto cambió por una terrible cara de preocupación al ver a Joaquín ser arrastrado hacia la habitación del cura mientras no ponía ninguna resistencia pero sí una cara de sufrimiento más allá de lo comprensible…

Más entrada la madrugada, ya cuando el castigo de Antonio había terminado pues había sido muy rápido (como él suponía), llegó Joaquín…
Se sentó en el borde de su cama con mucha delicadeza y sollozando, Antonio se incorporó y se sentó al lado opuesto, se volteó, le dio unas palmaditas en el hombro y le dijo:
“Esto tiene que terminar”

Joaquín no se movió, estaba muy adolorido como para siquiera pensar…
Sólo se quedó un rato mirando hacia la oscuridad de la pared,
De repente volteó; Antonio no sabía si había visto el infierno en los ojos de Joaquín o si es que tan rojos estaban por el llanto que estaba derramando, pero lo escuchó decir en un volumen como si fuera sólo para sí mismo y en una voz de tono muy grave…:
“Esto va a acabar…”

Antonio no se atrevió a decir más, soltó el hombro de Joaquín y se acostó espantado,
Joaquín lo miró y de improviso cerró los ojos, los abrió y era como si todo rastro de llanto se hubiese borrado, se acostó y sin notar que tenía sangre en su puño cerrado, se durmió…