Speciei

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Además de lo fascinante que me resulta su comportamiento como material pictórico, me interesa la gran carga simbólica de la sangre, las diferentes y opuestas reflexiones y actitudes que se generan en torno a ella cuando ha abandonado el cuerpo que la contenía. Es así como su oscilación entre los conceptos de vida y muerte me ha llevado a convertirla en el catalizador de mis inquietudes vitales, y en la materia prima de mi trabajo, ya que la vierto en soportes como madera y lienzo, para crear una serie de obras que aludirán a diversas nociones cuyo factor común es aquello que nos hace o nos ha definido como seres humanos.

2.2.10

Capítulo II: Padre Nuestro…



“Padre Nuestro que estás en los cielos,
Santificado sea tu nombre,
Venga a nosotros tu reino,
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo,
Danos hoy nuestro pan de cada día,
Y perdona nuestras ofensas,
Así como nosotros perdonamos a los que nos… ofenden,
No me dejes caer en la tentación…  Y…
Líbrame… del mal... (Ouch!!)
…Amén...”

-“Padre, la ‘estaca del castigo’ me está lastimando mucho…”
-“Mi Querido Joaquín, qué es el castigo si no lleva consigo el peso y el dolor que produce el saber que se ha pecado?, no quieres ser salvado?, no quieres subir al reino de los cielos?... No sientes culpa alguna por lo que has hecho!?” –preguntaba sin intensión de recibir respuesta, el cura, mientras presionaba más hacia adentro generando en Joaquín pequeños gemiditos de dolor que alimentaban más su obsesión por la “carne pura y fresca”; como la llamaba siempre todas las noches mientras planeaba qué nuevo pecado inventarle a la criatura por el cual deberá pagar al día siguiente…

“Si es afortunado tal vez hasta le toque doble castigo, pero ya lo hemos ‘exorcizado’ tantas veces que dudo que alguna vez en su vida se le meta hasta el más fiero y despiadado demonio de todo el averno… aunque podría servir para más adelante… quién sabe, podría invitar a toda una corte para que conozcan el método de castigo que he inventado!, imagino que más de uno estará orgulloso de mi y agradecido conmigo… les estaría quitando un gran peso de encima y lo estarían depositando en el cuerpo de un niñito que, tan inocente, piensa que es un pecador incluso si orina por fuera de la taza, y que sólo tiene que sentarse en ella para expulsar todo rastro de viol… no, ese es un nombre muy feo, no lo puedo usar aquí en la casa del señor; ‘eliminar todo rastro de castigos’ – suena mejor, castigos, siempre serán castigos… es que son castigos, los niños no son inocentes… los niños pecan, son los mayores pecadores, y además sus cuerpos tiernitos… no como esos curas que deshonran al señor acostándose con mujeres!, la respuesta está en los niños”…

-Y así continuaba en su propia mentira cada noche, tramando planes tan macabros que a veces, podrían hacer levantar al mismo Hitler de su tumba; continuaba convenciéndose de su “brillante idea” y de la que él mismo denominaba “La Gran Solución” o “La Respuesta Divina” hasta que una noche, clara, aunque sin estrellas se le ocurrió lo que sería su más tétrico y oscuro plan…


Mientras, en su habitación pintada de verde claro, y ante un Cristo crucificado colgado en la pared opuesta al muro donde estaba la puerta, sin ninguna luz encendida, arrodillado en la penumbra envuelto en su cobija, rezaba Joaquín un Padre Nuestro que nunca imaginó, nunca ingenió y nunca se sentó a escribir…
Como si sus labios estuviesen poseídos por algún demonio de los que tanto hablaba el exorcista o tal vez por alguna voz de justicia, los ojos sin pupilas, sólo unas esferas blanquecinas, no era la voz de Joaquín la que citaba:

“Padre Nuestro, Si es que así te puedo llamar,
Pues en ti ya yo no puedo confiar,
Tu nombre asociado con Justicia, en mis labios nunca verás,
Padre, que no sé si enterrado bajo tierra, porque en los cielos no estás,
Intenta darme algo para variar, que no sea un cura con ganas de torturar
El Alma inocente de un niño perdido,
Que gracias a tus ciervos, muere en un Abismo,
Si quieres hazlo tú… pero yo no voy a perdonar
A todos aquellos que mi cuerpo han venido a ultrajar…
Y evita que ELLOS caigan en tentación…
Ya que a ellos los ‘vigilas’, y a mí me dejas con las ratas
Padre de ellos… de los que son peores que el demonio,
No me vengas a hablar y Déjame en Paz!
Pues de la inocencia de este niño, cuando llegue el momento,
Ni los despojos verás,
Amen-azado estás!!”

-Y como quien despierta de un trance luego de una sesión de espiritismo, sus ojos vuelven a la normalidad, se pasa la mano suavemente por las caderas recordando lo que sucede siempre que “hace algo malo”, corre a la cama y se duerme envuelto hasta la cabeza con su cobija, simulando que nunca dijo nada parecido…