Speciei

Mi foto
Además de lo fascinante que me resulta su comportamiento como material pictórico, me interesa la gran carga simbólica de la sangre, las diferentes y opuestas reflexiones y actitudes que se generan en torno a ella cuando ha abandonado el cuerpo que la contenía. Es así como su oscilación entre los conceptos de vida y muerte me ha llevado a convertirla en el catalizador de mis inquietudes vitales, y en la materia prima de mi trabajo, ya que la vierto en soportes como madera y lienzo, para crear una serie de obras que aludirán a diversas nociones cuyo factor común es aquello que nos hace o nos ha definido como seres humanos.

8.2.10

Capítulo VIII: El Bosque


“Cría Demonios… y Ellos se Vengarán por ti”

Aún no anochecía lo suficiente cuando Joaquín ya estaba integrándose al ambiente del Bosque, un sitio oscuro lleno de sonidos extraños y nuevos para él. Y aunque tenía una rara sensación como si estuviese en casa también sentía el aire pesado y una más fuerte aún sensación de muerte…
Caminó mucho tiempo sin estimar cuánto en cantidad exacta, adentrándose más en las sombras sin preocuparse demasiado por los animales que allí daban cuenta de su presencia y se incomodaban dándoselo a conocer por medio de alaridos y quiebre de ramas…

-“Estúpidas bestias ahora creen que me van a asustar!?” –les respondía Joaquín con obviada ira.
Lo que él no notaba es que a cada paso que daba bosque adentro era un paso que lo convertía más y más en parte del bosque, sus pensamientos se aminoraban, sus latidos aumentaban y aunque creía que tardaría en recorrer todo el bosque, aparentemente sin rumbo fijo, toda una eternidad… sólo habían pasado unos escasos 3 minutos. Joaquín estaba destinado a pasar un largo tiempo allí metido si lo que quería era vengarse…

Las Próximas 5 horas que faltaban para que fuese lo suficientemente oscuro y silencioso alrededor del internado, Joaquín las pasaría y las sentiría como si se tratasen de 5 días completos, el tiempo iba a pasar lento para que “la transformación se completara”.

Pronto llegó a un claro un tanto apartado de las lindes por ambos lados del bosque; Joaquín se atrevió a pensar que se encontraba justo en medio del mar de árboles, náufrago en un pequeño islote iluminado por una luz tenue que brillaba entre plateada y azulada, se sentó allí en medio del mal dibujado círculo de árboles y se dispuso a pensar… Pero todos los pensamientos que llegaban eran de rabia, alimentada por la imagen de cada “castigo”, por cada engaño sufrido, por cada abuso de esos curas
-“No son hombres de Dios… No son hombres… No son animales… No son Demonios tampoco… -se decía Joaquín lentamente y entre dientes –No… Demonios no son… a ese es al que van a conocer!…”
 Aún sumido en sus pensamientos realizó un reconocimiento detallado del terreno donde estaba –“son unos violadores…”- decía mientras miraba la tierra, iracundo, de pronto se quedó con la mirada fija en un punto… era una textura diferente a como se veía el suelo en el resto del claro, la tierra había sido movida no muy recientemente… pero no parecía tampoco de hace mucho tiempo, entonces Joaquín se acercó al sitio y comenzó a cavar con sus manos…

No tardó mucho y no requirió de cavar profundo para dar con lo que allí estaba enterrado…

-“Asesinos!!”- Gritó con lágrimas en los ojos y lanzándole una mirada a los pocos trozos de Luna que se veían a través de las ramas repitió: “Asesinos!”

Una bandada de aves al escuchar estos escabrosos y desgarrados gritos salieron volando de las ramas y se dirigieron todas, extrañamente, en dirección del internado de donde aún salían unas pocas luces interiores…

-“Asesinos!!” –Gritó de nuevo…

En la tierra escavada se encontraba, en un uniforme que hace mucho tiempo pudo haber sido blanco con algunas decoraciones sencillas tejidas a mano carcomido por la vejez y la podredumbre, un esqueleto no más alto que Joaquín, con la carne ya roída y los huesos oscuros por la tierra, y aún con hilachas de carne, y unos pocos cabellos en el cráneo; Joaquín reconoció de inmediato en él a Marcos, la soga en su cuello lo delataba.
Sin estupor lo levantó en sus brazos; lo abrazó con fuerza a pesar de la peste, y sin importarle que las puntas roídas de algunos huesos se encarnaran en su piel y le hicieran pequeñas heridas, las cuales ni sentía…
-“Marcos!” –Gritaba… y repetía de nuevo luego en un tono suave como si le hablase al oído al cadáver… -“Esto lo causaron ellos, y yo no me cruzaré de brazos… no esperaré a que el cielo haga Justicia, pues ahora dudo que exista uno, Esos Asesinos van a pagar con una gota de sangre a la vez por cada violación y cada engaño, te lo Juro a ti. Hoy me encargaré de que tu Alma descanse en Paz…
Adiós, y Gracias… Marcos.
Y ahora duerme, esta noche promete un cielo más negro que un cuarto sin velas y una Luna tan roja como la sangre recién derramada!”

Depositó entonces a Marcos en el pequeño agujero con delicadeza, lo volvió a cubrir,  tomó unas ramas e intentó entrelazarlas para formar una cruz… Luego se acercó al centro del claro y con ambas manos en la improvisada figura, la clavó, invertida, en el suelo… Le hizo un ademán de desprecio y se sentó de nuevo dándole la espalda…