"La peor Maldad es la que es desatada por otra Maldad"
Ya habían pasado un par de horas y Joaquín seguía allí sentado, en medio del claro con los enterrados restos de Marcos en su mente, consumía Ira… sospechaba que la enfermera que pensaba llevarse a Antonio al hospital también debió haber sido asesinada y enterrada bajo algún árbol en cualquier parte de ese bosque pero Joaquín no iba a disponerse a buscarlo, el simple pensamiento de que los curas además de violar matan a sus testigos le dibujó inmediatamente un gesto de asco en el rostro y una repulsión incomparable.
Mientras Joaquín seguía meditando, Antonio ya se encontraba reunido cerca del camino por el que iba a huir con todos los niños que lo quisieron escuchar, afortunadamente para Antonio, fueron todos, incluido un padre, (“el más sensato que haya visto” -pensaba Antonio) que había escuchado lo que les decía Antonio a los niños en el oscuro comedor:
-“Algo va a pasar aquí y ustedes sé que no lo quieren ver… todo lo que nos hacían esos curas sobre “castigos” era una farsa, eso se llama violación, es un acto de maldad, y que lo haga alguien que prometió hacer el bien sólo hace ese acto sea aún peor… Sé lo que les digo, por eso les digo que me acompañen, si no quieren no los denuncien con nadie, pero vámonos, vuelvan a ser libres... no pueden seguir aguantando tanto dolor injusto y que al contrario de lo que pensamos, es algo malo”
Ninguno de los niños estaba muy convencido cuando, de atrás de la puerta sale un cura de gafas y una mirada que mezclaba conmoción y comprensión, era el profesor de lenguaje que no estuvo siempre muy de acuerdo con el método de enseñanza…
-“De dónde sacaste esa información joven Antonio?” –preguntó tranquilizando a los niños tan asustados de verlo con un gesto de manos.
-“Acaso ha sido del libro de Joaquín Canternal, el diario de este internado!?, lo has encontrado?, yo era amigo de Joaquín!, estaba escribiendo el libro con él, pero hubo un día que dejó de aparecerse por aquí, supuse que si no había sido trasladado había sido… asesinado…”
-“y por qué no dijo nada!? -le reclamó Antonio consternado
-“porque nadie me escucharía, me llamarían hereje, los niños nunca quisieron hablar, nunca desearon confesar por temor a ser juzgados como yo lo fui, y hasta este día lo había olvidado todo, llegué a pensar que todo había sido olvidado, que ya no iba a pasar más… pero ahora veo que la maldita tradición continúa… No podemos perder más tiempo, debemos salir de aquí, yo les ayudaré, pueden confiar en mi… pero… primero, qué es eso tan grave que va a ocurrir esta noche?” –preguntaba el padre con una curiosidad de muerte…
-“Justicia, Padre, y no celestial, y no intente impedir nada… ni advertir a nadie, haga como dijo hace un momento y guíenos a la libertad… en este sitio algo va a correr... y no van a ser los niños apurados por llegar a clase”…
Cuatro Horas, Joaquín no se había movido ni un centímetro, a pesar de que las heridas de sus brazos y pecho estaban aún frescas y cualquier brisa penetraba en ellas, Joaquín no se movía, o no las sentía…
Una serpiente alcanzó a arrastrarse por su lado… sintió el olor y estaba a punto de morderlo cuando de un rápido movimiento Joaquín tomó en su mano izquierda por el cuello a la serpiente, la sostuvo a la altura de su mirada y mientras apretaba fuertemente su dedo en la piel del animal la miraba a los ojos, ella tenía la boca totalmente abierta mirando amenazante a Joaquín, luego de un rato comenzó a ceder y al cabo de un momento estaba tendida en el suelo, muerta. Entonces Joaquín se levantó, tomó la cruz torcida y contra una piedra empezó a sacarle filo y punta, cuando la tocó se hirió el dedo, no le dio importancia y como impulsado por una fuerza invisible se dirigió lentamente en dirección del internado…
Ya en las lindes del bosque, parado casi como si no le importase ser visto, miraba el internado mientras las últimas luces, las habitaciones de los curas, se iban apagando…
Joaquín sonrió, se pasó la lengua por los dientes de un lado a otro y luego siguió su camino hacia la entrada.
La puerta se la habían dejado abierta, se escurrió entre las sombras de los pasillos, y se movió sin hacer ruido hasta llegar a la cocina, entró y buscó y tomó un cuchillo, el más grande y se quedó con él en la mano, con el que cortaban la carne, cuando escasamente había carne, lo que había permitido que el cuchillo conservara su filo original…
Con gestos de burla se fue a la alacena y de allí sacó un frasco de leche ordeñada esa mañana y se dirigió el pico del envase a la boca, tomaba como animal, era más la leche que desperdiciaba en el piso que la que se tomaba pero eso bastó para saciar su sed… -“al menos mi sed de leche” –se dijo.
Luego de su parada en la cocina, se fue hacia el closet de aseo y tomó un rollo de soga que había y se dirigió a la habitación del cura de ‘la estaca pequeña’…
Sin hacer ningún ruido se acercó al hombre que dormía y roncaba estruendosamente, ató un cabo de la soga a la muñeca izquierda y luego la pasó por debajo de la cama hasta enrollarla en la muñeca derecha, después hizo un nudo en el medio de la cuerda bajo la cama y llevó el resto hasta los pies del cura, hizo un nudo fuerte y para cubrir los ronquidos tomó un trapo con el que el padre se limpiaba la cara y lo metió completo de un solo empujón en la boca del tipo que se despertó intentando toser pues se estaba ahogando; cuando quiso quitarse el trapo de la boca se dio cuenta que estaba atado y no podía moverse sin torcerse o fracturarse alguna extremidad…
Luego desde la penumbra se asomó Joaquín hablándole:
-“Eras el menos doloroso de todos… pero lo que hacías no estaba bien y tú lo sabías… sabías que violabas a niños inocentes aún ante los ojos de tu Dios…, él se iba a tardar en decidir qué hacer contigo pero yo no… yo sé qué haré contigo, agradece que no eres ese que me trajo aquí, pero tu merecido lo tendrás…”
El padre miraba con los ojos abiertos tan redondos como platos soperos, sudaba frío y no podía ni elevar una “plegaria”, entonces Joaquín tomó el cuchillo y sin pensarlo dos veces, sin darle ni siquiera tiempo al cura de parpadear, se lo enterró hasta el mango en el pecho, el cura lloraba mientras un grito se ahogaba en el trapo…
Después, Joaquín bajó el cuchillo lentamente rajando al padre de arriba abajo.
Cuando llegó a abrir el ombligo las vísceras saltaron fuera del cuerpo del cura desmallado, Joaquín sonrió… la sangre salpicaba en su rostro y le empapaba la ropa. Luego, sacando el cuchillo del que suponía ya estaba muerto, se lo dirigió al cuello y lo rajó de lado a lado dejando la cabeza colgando sólo de la columna, la yugular escupía sangre como un volcán salpicando en las paredes y dejando rojo el colchón de la cama…
Extasiado con el hecho, Joaquín levantó el cuchillo, desató la soga del cuerpo que seguía tapizando el cuarto en un profundo rojo carmesí, la enrolló y se la montó en el hombro…
Caminó hasta estar cerca de la puerta y mirando el cadáver pasó su lengua por un costado de la hoja del cuchillo y salió esbozando una mueca, chorreaba sangre por ambos lados de su boca, y con la sangre de su ropa, del cuchillo, y de la cuerda manchaba el camino hacia la habitación del “exorcista”…
